De los Héroes con Franela a la Hora Cero

Venezuela vive horas muy difíciles. Al momento de redactar esta nota más de cuarenta (40) personas han perdido la vida en medio de las protestas y, Luis Almagro Secretario General de la OEA lanzó ultimátum a los jefes de los cuerpos de seguridad del Estado, a saber, al Ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz Néstor Reverol y al Comandante General de la Guardia Nacional Bolivariana Antonio Benavides Torres, calificando de “asesinatos” las muertes acaecidas en el país y advirtiendo que esas muertes por la preservación a toda costa del poder, son calificadas como crímenes de lesa humanidad.

La protesta del 19 de abril de 2017 inundó la autopista Francisco Fajardo de Caracas con más de dos millones de personas pidiendo un cambio de rumbo en el país, cambio que pasa necesariamente por un modelo distinto para regir la nación. El resentimiento vertido en la doctrina política denominada “Socialismo Bolivariano” lo condena al fracaso y los resultados los tenemos a la vista -a cada venezolano nos quema la piel-, por ende el cambio de visión pasa por la realización de unas elecciones generales anticipadas, toda vez que de acuerdo con la Constitución Nacional Bolivariana del año 1999 ese proceso comicial debe llevarse a cabo el mes de diciembre del año 2018.

A pesar de los ríos de ciudadanos que manifestaron pacíficamente, Maduro y su combo en el poder, ni se inmutaron, casi de manera mecánica repicaron y tildaron la marcha de insignificante y terrorista e iniciaron una brutal represión en la autopista con bombas lacrimógenas, a manifestantes pacíficos y desarmados. 

Si reflexionamos detenidamente, después de dieciocho (18) años en el poder de la casta política que enarbola al “Socialismo Bolivariano”, no hemos visto sino actos viles y de ensañamiento a sus opositores que van desde la prisión a Leopoldo López y demás presos políticos, hasta la reclusión arbitraria de la jueza Afiuni, la obstaculización del Referéndum Revocatorio y, llegan hasta las inhabilitaciones a dirigentes políticos, la última de ellas al gobernador del Estado Miranda Henrique Capriles Radonski. 

¿Podíamos esperar una respuesta sensata y democrática por parte de los representantes del Poder Ejecutivo en Venezuela, ante una marcha multitudinaria, cívica y pacífica? Seguramente todos los venezolanos podemos anticipar la respuesta a este cuestionamiento.

En cualquier país democrático en el mundo ante una demostración tan contundente, ante la evidencia de un músculo electoral tan poderoso, se procede a la convocatoria de una consulta popular para el adelantamiento de las elecciones presidenciales, de manera que el soberano decida si desea que se produzca una renovación institucional en el país o no, a la luz del artículo 71 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. 

Por el contrario, el Poder Ejecutivo rehuye y convoca a una Asamblea Nacional Constituyente que nadie quiere y que luce forzada, sintética y antinatural, producto de las elucubraciones trasnochadas de los abogados constitucionalistas amigos del poder en Venezuela, que sin descanso se presentan en televisión apoyando la viabilidad de este invento jurídico, carente de espontaneidad y autenticidad - sin sentimiento, sin corazón- en medio de las circunstancias que rodean la gesta política en la nación.

La coyuntura que vivimos los venezolanos nos conduce a abordar un planteamiento ético en la forma de resistir ante el poder, para canalizar el sentimiento de descontento generalizado de la población ante sus gobernantes socialistas y castristas. 

Después de las primeras marchas del mes de abril, se hizo evidente que la resistencia para los venezolanos parte de las siguientes premisas: sabemos que el gobierno de Maduro por la preservación del poder es capaz de arremeter contra civiles sin armas y ejercer en contra de su pueblo una represión brutal que se sale de las manos y termina acabando con las vidas de sus ciudadanos, bien sea, por ese exceso de fuerza de los órganos de seguridad del estado, bien sea, por dejar actuar a grupos armados urbanos en el ejercicio de maniobras de intimidación, acoso y persuasión por la fuerza, que lamentablemente terminan en asesinatos y muertes de venezolanos inocentes.

Si tenemos por cierto lo esgrimido en el párrafo anterior, esto es, que la represión institucional por la fuerzas de seguridad del estado, aunada a la represión no institucional por parte de grupos irregulares que actúan bajo la mirada cómplice de los órganos de seguridad oficiales, conlleva necesariamente a muertes innecesarias en el seno de la sociedad venezolana, entonces la conclusión resulta casi obvia, y es la siguiente: que la factura por oponerse al gobierno de Nicolás Maduro dentro de la masa de venezolanos que son “la oposición”, debe ser pagada principalmente por dos (2) sectores: 1.- Los jóvenes desbordados por el sentimiento de indignación que les alborota el pecho, que los hace derramar lágrimas ante la impotencia de ver arremetidas desproporcionadas en contra de la población civil, y les hace perder el miedo, superar el instinto de autopreservación y arriesgar su vida para enfrentar con lo que tengan a la mano a una tanqueta de la Guardia Nacional Bolivariana; y 2.- Los desposeídos, los venezolanos pertenecientes a esos sectores más necesitados de la población que empujados por el abismo de la necesidad, salen a protestar porque han perdido la capacidad de compra, al punto que su sustento material para mantener la vida, como lo es la adquisición de alimentos está en jaque.

Esto nos enfrenta a un dilema ético de proporción inconmensurable, si la factura por oponerse al gobierno socialista de Nicolás Maduro, debe ser pagada por estos dos (2) sectores, a saber: jóvenes y desposeídos. Entonces, debemos concluir que algo no se ha hecho bien, con respecto a la forma de resistir a un gobierno eminentemente de rasgo dictatorial. 

Evidentemente, la clase media constituida por empresarios, profesionales y técnicos, es decir, aquellas personas formadas en el manejo de los medios para alcanzar fines, a través de su educación -universitaria o no-, no han realizado una labor de resistencia al gobierno de manera dedicada y sostenida en el tiempo, que proporcione a la lucha civil organizada con alternativas concertadas para alcanzar las reivindicaciones políticas a que aspiramos todos los venezolanos. 

Nuestra clase media convivió con el “Boom” Petrolero, que permitió al gobierno lanzar dinero a la calle durante la bonanza -precio del barril de petróleo a más de 100 USD-, permitiendo subvencionar el precio del dólar y ejercer un gasto público gigantesco. Nuestra clase media dotada del conocimiento técnico, se abocó únicamente a la satisfacción de sus necesidades y las de su familia, sin atender al grave riesgo que comporta el sistema “Socialista Bolivariano”, para alcanzar los sueños de progreso, que contradictoriamente empujan a esta clase media a educarse y formarse, para alcanzar sus metas de bienestar.

Ahora la clase media quiere marchar dos (2) o tres (3) veces a la semana para lograr el anhelado cambio político, para resistir a un gobierno opresor y represor. Sin embargo, tal forma de resistencia irremediablemente lleva a la pérdida de las vidas de los más sensibles -héroes con franela- y de los más débiles -nuestros pobres-. Esto resulta en una contradicción intolerable desde el punto de vista ético. 

No podemos permitir que sigan matando a nuestros héroes con franela -estudiantes y jóvenes-, ni a nuestros pobres -los desamparados, los olvidados-.

De allí que el único camino cívico y pacífico que le resta a la sociedad civil venezolana organizada es el llamado a una huelga general, paro o una “hora cero”, en la cual no se permita la hipocresía, la ambigüedad y el mimetismo, donde no haya cabida para los intereses subalternos o particulares, donde cada quien asuma la responsabilidad y diga a los cuatro vientos si quiere vivir en comunismo o en democracia. 

Este es el referéndum definitivo, la marcha crucial y determinante, donde cada quien se hace a sí mismo la siguiente presunta: ¿Soy socialista bolivariano para vivir condicionado o soy demócrata para vivir en libertad? según su respuesta se suma o no a la “Hora Cero”. 

Es la apuesta última a todo o nada, que busca de manera espontánea e informal ese referéndum de la sociedad venezolana que el gobierno jamás permitió, que de una vez y por todas abraza o rechaza al sistema Socialista Bolivariano, que tumba la máscara de los cómplices y que rescata de la muerte a nuestros héroes con franelas y a los más necesitados, aquellos que pasan hambre y hurgan en la basura para conservar su vida.

Los más débiles no pueden pagar la factura de la inacción de una sociedad civil educada que permaneció en el confort, que criticó de la boca para afuera, pero que no asumió una resistencia sistemática, sostenida y articulada para derrotar la hegemonía de un sistema fracasado, que sólo podía sobrevivir con la chequera gorda de la bonanza petrolera, aprovechándose de la necesidad del pobre y de la complicidad del rico.

No podemos seguir marchando esperando de nuestros gobernantes un gesto de humanidad y compasión que los haga reconocer el carácter cívico de la protesta y negociar la transición del poder o unas elecciones generales anticipadas, eso no va a suceder, si insistimos en marchar el saldo de muertos se va a abultar a cifras dramáticas, esto no puede permitirse en beneficio de nuestros jóvenes y nuestros pobres, sólo nos dejan un camino cívico y pacífico la hora cero, el paro general. 

¿Qué líder asume la responsabilidad de convocarlo? ¿Puede perderse la iniciativa de “Hora Cero”, y como consecuencia de ello se inicie una ola exacerbada de expropiaciones como sucedió en Cuba, para que pase a instalarse un comunismo recalcitrante en el país? 

Como decía un joven músico de mi generación: “Es mejor quemarse que apagarse lentamente”. 

@piedraconaletas