El 2017 y la Falsa Espiritualidad Socialista

¿Qué nos depara a los venezolanos en el año 2017, luego de la radicalización del Socialismo Bolivariano con la designación de Tareck El Aissami como Vicepresidente de la nación y el cierre de mecanismos electorales -referéndum revocatorio- para legitimar la conducción política de Venezuela? ¡El amor!… ¡el amor!… Esta palabra presente permanentemente en los discursos de Chávez y Maduro, pretende conectar la agenda política socialista con ciertos valores espirituales que deben informar a toda sociedad, valores que se relacionan con sentimientos de compasión, empatía y solidaridad con “el otro”. Sin embargo, un sentimiento tan sublime como “el amor verdadero” que conlleva necesariamente una connotación espiritual superlativa, lamentablemente, está excluido de la narrativa marxista-leninista que determina al Socialismo Bolivariano. El materialismo histórico que hereda Marx de Hegel lo lleva a creer que los seres humanos vamos a llegar a descubrir -casi como alquimistas- los resortes secretos de la historia. De esta manera: los políticos, los reyes y los caudillos podrán con veracidad científica determinar hacia dónde se dirige la humanidad -sociología-. Esta idea tan interiorizada en socialistas y comunistas -la idea de llegar a reconocer las claves de la historia, para profetizar el destino de la sociedad-, constituye el cimiento de por qué el socialista se divorcia tanto de la realidad que le rodea y persigue ideales fantásticos e imposibles de lograr -metafísicos-, sin reconocer, las angustias más elementales de sus semejantes, como lo son: el acceso a los alimentos, las medicinas y el trato digno al contendiente político -respeto a los derechos humanos-. El socialista obnubilado por su ideal se ciega ante una realidad acuciante, que le exige una verdadera preocupación por el otro, una verdadera expresión de amor. Leyendo la biografía de Bartolomé De Las Casas, me topé con una anécdota del fraile, según la cual hace más de quinientos años por los lados de Cumaná los indios se daban a la tarea de capturar aborígenes de tribus rivales para negociar con los españoles y vender sus prisioneros como esclavos, a diferencia de lo que ocurría en Perú y Méjico, dónde los antecesores combatieron a “fuego y sangre” ante los conquistadores españoles. Pareciera que por estas latitudes estamos llamados a mantener una mentalidad de clan, secta o partido que no puede mirar más allá de su propio ombligo. En Venezuela, las cartas están echadas; gobierno y oposición van a un choque de trenes en este 2017, pero todo choque de trenes necesariamente genera daños materiales y humanos, nuestra dirigencia en el poder no contó con un valor capital en tiempos posmodernos, diría que incluso es el valor por excelencia de la posmodernidad, por encima del amor. Ese valor a que nos convoca la era nihilista de carencia de sentido para la vida es la tolerancia. ¿Quién queda de pie después del choque de trenes? nadie lo sabe, ni lo puede predecir, el gobierno cuenta con las armas y el poder, la oposición con el descontento, el hambre y el cansancio de la población. Así que lo que nos espera en el 2017 es una “total incertidumbre”. Lo que les puedo garantizar es que el Socialismo Bolivariano no está colmado de amor, porque para que nazca el amor primero es imprescindible la tolerancia de las diferencias que nos determinan como seres humanos, nuestra dirigencia no ama porque no tolera. Nos coloca como nación al borde de un conflicto social, de un choque de trenes que tendrá efectos nefastos para nuestra sociedad, bien triunfe la dictadura, bien triunfe la democracia. @piedraconaletas