DE LA PATRIA AL BMW. Reconcomio del Militar Chavista Parte 3/3

Víctor Raúl de la Haya Torres, nacido en Trujillo-Perú en 1895, fundador del partido Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), durante su exilio en Méjico en el año 1924, concibe su proyecto político cuyos lemas comunican lo perspicaz de su ideario, y son: “pan con libertad” y “ni con Washington ni con Moscú”. “Pan con libertad” envuelve la necesidad de producir, que nuestras economías Latinoamericanas esencialmente importadoras y dependientes, se transformen en economías productivas, competitivas y exportadoras en el concierto económico y financiero mundial; en un marco de libertades civiles y políticas, con el derecho a la propiedad como bastión de nuestras democracias. Su otro lema “ni con Washington ni con Moscú”, denota la necesidad de sacudirse la influencia del disparate de Lenin de constituir una liga internacional de revoluciones comunistas, teniendo como cabeza visible a Rusia; del mismo modo presenta la independencia de los Estados Unidos. Nos hallábamos impresionados, por los excesos de ese país con la política de exterior del Presidente Roosevelt, quien intervino decididamente en el Caribe, en lo que se denominó “el corolario a la Doctrina Monroe” sobre todo con la indebida apropiación del Canal de Panamá, para impulsar los intereses comerciales de los Estados Unidos en la región. Esta posición intermedia de Víctor Raúl de la Haya Torres, influencia a Rómulo Betancourt, quien comprende que el capitalismo como fórmula económica nos aplica y que las reivindicaciones sociales se deben verificar en el marco de sus postulados, esto llamó a actuar con prudencia a Betancourt en la conducción de nuestro país. Reconocimos que el capitalismo no estaba en decadencia, por ende teníamos la necesidad de proceder como agentes productivos en un mercado global, pero preservando nuestra autonomía, sin vender nuestra soberanía ni a los Estados Unidos, ni a los Soviéticos. Aquí entra en escena el excelso Ministro de Minas e Hidrocarburos de Venezuela Juan Pablo Pérez Alfonso (1959-1964) -durante el gobierno de Rómulo Betancourt-, quien había sido el propulsor del “fifty-fifty” con las empresas extranjeras concesionarias para la extracción de petróleo y concibe la creación del cartel de productores de crudo denominado Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Venezuela se presenta en el concierto mundial como un país con leyes robustas, con una ruta de acción política y económica seria y contundente, en el marco de una democracia estable y soberana. Los comunistas se durmieron en sus laureles y no acceden al poder en 1958, y Acción Democrática (AD) toma las riendas de la conducción política del país. El partido de los blancos se inspira en las tesis del peruano Víctor Raul de la Haya Torres, conscientes en la necesidad de encausar una producción interna apuntalada por el petróleo -Venezuela era la tercera potencia mundial en producción petrolera-, que elevará la condición social de los venezolanos más necesitados, desarrollará nuestras vías de comunicación y fortalecerá la libertad de prensa y de opinión. En palabras de Henry Ramos Allup pasamos de la alpargata al zapato, con el liderazgo de Rómulo Betancourt y la continuidad de los gobiernos democráticos. Los intentos guerrilleros en Venezuela de Fidel Castro son socavados y jamás las ideas marxistas-leninistas logran alcanzar el poder, pero la larva de ese sueño tóxico que tanto daño ha hecho a la humanidad en todas las latitudes del planeta donde se instaló y cuyo fracaso quedó evidenciado con la caída del Muro de Berlín el 09 de noviembre de 1989, estaba en un estado latente en nuestros militares hijos de campesinos pobres del interior de la república, cuyas familias habían sufridos la inclemencias del latifundismo. Nuestros aspirantes a cadetes de manera soterrada, como un anhelo nocturno que les agitaba el pecho, sucumbieron secretamente a la admiración por Fidel Castro, hombre prepotente con su barba poblada y tu tabaco ladeado en la boca, que osó retar al imperialismo todopoderoso de los Estados Unidos. Nuestros uniformados admiraron en él -Castro-, su capacidad de asumir riesgos desde la Sierra Maestra -debemos recordar que la Revolución Cubana se inició en una yate que partió de Méjico con 82 rebeldes, entre ellos Fidel y el Che- hasta la Crisis de los Misiles Rusos. Sin valorar el aporte de los políticos demócratas a la transformación y modernización de nuestra sociedad de manera democrática, con la mira en una economía de mercado. En pleno Siglo XXI esa cúpula militar que se hizo con el poder, a través de un proceso electoral que determinó el fin de la aplicación en Venezuela del legado de Víctor Raúl de la Haya Torres y Rómulo Betancourt, nos hizo retroceder a las tentativas comunistas más vetustas y obsoletas, a intentar fallidamente el ideario de Lenin, es decir, la continuación de esa liga internacional revolucionaria de la mano de Rusia y China, así como el intento de implantación del Socialismo Bolivariano en Latinoamérica, que dejó sumida nuestra economía en una depresión rotunda, con la erosión de nuestras reservas internacionales y un endeudamiento público apocalíptico. Hoy el militar marxista-leninista que alcanzó el poder con el gobierno de Hugo Chávez se ha enriquecido de una forma escandalosa, viaja a su hacienda en el interior de la república en su reluciente “BMW” y pisa el acelerador del carro calzado en unos mullidos zapatos “Salvatore Ferragamo”, que usa sin medias y hacen juego con la correa de la misma marca y color. Prendas que le obsequió su esposa, que a su vez intenta a “realazo" limpio colarse en el ”jet set” de la capital del país. Nuestros militares no son más que los hijos de venezolanos que labraron la tierra y que se dejaron intimidar por la opulencia y el consumo. Una vez movidos por su sentimiento de inferioridad, se dieron a la tarea de cobrar revancha y para conseguirlo destruyeron la economía y los valores democráticos, bajo el pretexto de un Socialismo Bolivariano y una actitud socarrona sin precedentes en el ejercicio del cargo de la Presidencia de la República. Los soldados venezolanos exaltados por un sentimentalismo bobalicón de un socialismo incapaz de vengar el sufrimiento de los marginados, hecho de retazos informes, ajados y descoloridos, procedentes de las tesis de Marx y Lenin, con una admiración de quinceañera por su ídolo pop, hacia Fidel y El Che, no tiene en el fondo otro propósito que enriquecerse sin otro miramiento. Tal como sostiene el padre Alejandro Moreno, el proyecto político del Socialismo Bolivariano no representa a los venezolanos, ni en sus valores ni en sus aspiraciones. No es más que un refrito de tesis desgastadas y anacrónicas, que simplemente inflaron el pecho de militares que llevaban un gran dolor desde su infancia, que exteriorizaron en la realización de una revolución que tuvo como acicate, tanto la “Leyenda Negra española”, por una parte, como la lucha antiimperialista con un marco teórico marxista-leninista reflejado en las figuras emblemáticas de la Revolución Cubana. Este cóctel generó en nuestros militares la sed de revancha contra el hacendado, el oligarca, el propietario, cuando íntimamente, querían emularlo y llegar a la hacienda, también ellos en el carro de fabricación alemana, vestido de punta en blanco y dando órdenes, ejerciendo de pequeños caudillos encumbrados por su enriquecimiento meteórico, representado el papel del latifundista más rufián que jamás hayan conocido. En el año 2016, nos hallamos ante un clamor popular para la realización de un referéndum revocatorio, para decir a estos militares hechos magnates que ya alcanzaron su BMW, que nos dejen por favor la patria, para reconducirla hacia el progreso, la tolerancia y la libertad. @piedraconaletas