DE LA PATRIA AL BMW. Reconcomio del Militar Chavista Parte 1/3

En conversaciones con amigos y familiares siempre emerge cierta extrañeza acerca de la situación política de Venezuela y nos cuestionamos: ¿cómo fue posible que en un país petrolero surgiera una casta de militares que se hizo con el poder e impusiera al resto de la nación el Socialismo del Siglo XXI, con las consecuencias nefastas de pobreza y escasez que nuestra población padece? Existen dos (2) factores que han incidido perjudicialmente en la formación ideológica de los militares latinoamericanos y venezolanos, a saber: a) la “Leyenda Negra española” como explicación brindada a las nuevas generaciones de la colonización desplegada por España en Hispanoamérica; y, b) la lucha contra el imperialismo de los Estados Unidos de Norteamérica. Estos factores en la formación de nuestros cadetes vinieron aderezados por el origen campesino y rural de la mayoría de nuestros oficiales castrenses, propio de las provincias en el interior de la república, en la que su infancia y adolescencia tuvo lugar. La Leyenda Negra La Leyenda Negra española parte básicamente de una interpretación de los relatos brindados por el fraile Bartolomé de Las Casas, quién en un principio fue beneficiario de una “Encomienda”, figura que en los inicios del Siglo XVI, era una suerte de concesión para extraer oro y demás riquezas en el nuevo mundo, obviamente, mediante la explotación de la mano de obra indígena y esclava. Posteriormente, el fraile renuncia a ese privilegio como encomendero, deja solo a su socio, resuelve defender los derechos de los indígenas e interviene activamente como mediador entre el Imperio Español y los aborígenes. En algunos casos sin éxito, lo que conllevó a que fuese testigo de horribles matanzas; que si bien fueron hechos históricos acaecidos en la realidad, la narración de los acontecimientos llevada a cabo por Bartolomé de Las Casas, agravó y exaltó las transgresiones, con la finalidad de sensibilizar a las autoridades en Europa, en su: “Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias (1552)”. Por ejemplo: en cuanto al número de indios afectados. Estudios posteriores demostraron que fuera de las poblaciones indígenas de Méjico y Perú, las densidades poblacionales en el resto del continente, entre ellas Venezuela, eran relativamente escasas y mal nutridas, ya que su sustento dependía fundamentalmente de la yuca; sin conocer la ganadería, salvo por la domesticación de la llama en Perú. Más allá de la veracidad de los excesos cometidos por los conquistadores españoles -que son incuestionables-, la consecuencia de esta “Leyenda Negra” es que ha funcionado como un instrumento de manipulación social y política de una eficacia increíble, no como interpretación del pasado, sino como eje conductor de acciones en el futuro, a través de la inoculación del odio y de un sentimiento de inferioridad típico en nosotros los latinoamericanos. Todavía hoy, cinco (5) siglos después de la Conquista y de la capitulación de la resistencia indígena representada por el peruano Túpac Amaru, quien fue capturado y ejecutado en el Cuzco en el año 1572, la “Leyenda Negra” sigue atizando un odio en las luchas sociales de todo el continente. La “Leyenda Negra” ostenta la capacidad para meterse en el corazón de la población desposeída de Hispanoamérica para insuflar un odio exacerbado que sólo puede ser drenado con acciones insurreccionales -llegando incluso al terrorismo-, como mecanismo de reivindicación social. Esta es la verdadera tragedia de esta leyenda, que hoy sirve para atisbar el rencor y la guerra en toda la población indígena y campesina del continente, de esta influencia lúgubre no escapó el militar de origen rural y humilde venezolano. Nuestro aspirante al don de mando castrense y a engrosar las filas del Movimiento Revolucionario 200 (MR200), creció en las zonas campesinas y rurales del interior de la nación en la segunda mitad del Siglo XX. Sometido a limitaciones económicas en sus hogares con numerosos hermanos. Nuestros jóvenes prestos a engrosar la lista de cadetes, en su adolescencia conocen de prósperos hacendados, que se trasladan desde Caracas y demás capitales a la provincia para ejercer labores de supervisión de sus tierras. En nuestro país de los años 50 y 60 del siglo pasado, la riqueza la concentraban los propietarios de grandes fincas, que las cultivaban bajo el régimen de servidumbre o peonazgo, sistema que se mantuvo casi incólume desde La Colonia; en donde los latifundistas regían sus posesiones como una suerte de autoridades locales que decidían el bien y el mal para sus capataces y dependientes. Nuestros jóvenes testigos en primera fila de las visitas de los excelsos hacendados, en sus suntuosos vehículos de marca “Mercedes Benz” o “BMW”, se sentían inferiores y disminuidos en su autoestima de manera casi inconsolable. En este contexto, la camada entrará a la vida militar como única vía para la obtención de un grado y para el progreso económico, de esta manera, abrazar el prestigio y el reconocimiento en sus vidas. Debemos recalcar que en aquella Venezuela la explotación petrolera daba sus primeros pasos para liberarse de las concesiones exorbitantes dadas a empresas extranjeras, desde la Dictadura de Juan Vicente Gómez y hasta después del derrocamiento de Marcos Pérez Jiménez. Nuestros cadetes, a medida que su carrera militar iba en ascenso y su formación toma auge en la Academia Militar de Venezuela, tienen contacto con la “Leyenda Negra” española. Y todo se hace claro, en esos corazones sensibles a la justificación del dolor por un relato heroico y casi mítico, de indígenas que luchaban semidesnudos, contra las armas elaboradas por unos conquistadores perversos. Allí se produce la conexión, el hacendado es como el conquistador: arbitrario, abusivo y explotador. El hacendado es un oligarca heredero de la casta blanca criolla que convivía a gusto con la monarquía española. El propietario de la tierra es un hombre igual que nosotros y por un accidente -como sucedió con los españoles conquistadores- está en posesión de la tierra, si le expoliamos la tierra al oligarca y se la damos al campesino, ellos -los campesinos desposeídos- serán tan productivos y eficientes como los terratenientes. Estaban absolutamente equivocados, prueba de ello el calamitoso fracaso de la Reforma Agraria en Venezuela. De esta manera, el odio por la revancha ante la conquista ya corría por las venas de nuestros oficiales, con un reconcomio de nada más y nada menos de quinientos (500) años. Si llegamos al poder -se dijeron-, reivindicaremos la resistencia indígena, usaremos vocablos de nuestros ancestros para nombrar montañas (Waraira Repano) y rememoraremos los nombre de nuestros caciques, como manifestación de nuestra voluntad perenne de venganza por la sangre derramada bajo el yugo español. Desconoceremos las ventajas de la conquista española que introdujo en el continente: el ganado, el maíz, la rueda, el hierro y el catolicismo. Continuará…. @piedraconaletas