¡Bolívar! ¡Tremenda Vaina Nos Estás Echando!

Resulta incuestionable a la luz de los recientes hechos políticos la influencia en el caudillismo venezolano de la figura de Simón Bolívar. Desde Juan Vicente Gómez hasta Hugo Chávez recurrieron a la épica del Libertador como emblema de la lucha contra la opresión; de la conquista del poder a través de la batalla y de la administración del poder de manera despótica y tiránica. En estas breves líneas no quiero intentar presentar un debate histórico que cuestione la gesta libertadora de Bolívar, como lo son los siguientes hechos: El Decreto de Guerra a Muerte, la traición y entrega de Francisco de Miranda en La Guaira -luego de leer y estudiar sus papeles de regreso de Europa y nutrirse de las ideas del venezolano más universal de nuestra historia- y el fusilamiento de Manuel María Francisco Piar, entre otros acontecimientos reprobables que dejaremos al estudio de historiadores.
Lo cierto es que aquella gesta para independizarnos del dominio de la Corona Española, imprescindible y necesaria en su momento histórico Siglo XIX, hoy más que beneficiarnos, nos perjudica y paso a explicar el por qué. 
El carácter del venezolano está impregnado de una necesidad de desempeñar una suerte de papel heroico para emular al Padre de la Patria, quien con un ejército diezmado recorrió el continente para no sólo liberar a Venezuela, sino a casi todas las naciones del hemisferio.
Esta concepción de que la espada de Bolívar todavía hoy recorre América Latina y que los venezolanos como descendientes directos del Libertador, debemos enarbolar sus ideales para darle continuidad al proyecto de unión continental, no sólo es una locura que dejó a nuestra nación en la ruina más desoladora en el marco del Socialismo Bolivariano, sino que contradictoriamente, pervive entre afectos del gobierno y de la oposición.
Los venezolanos de manera innata debemos luchar con una suerte de “Bolivita” que tenemos entre pecho y espalda, que nos dicta asumir una actitud de guapetones, y que prácticamente desterró de la política a Eduardo Fernández cuando demostró su carácter democrático y apoyó a Carlos Andrés Pérez, ante la asonada golpista de Hugo Chávez. Que hoy tiene casi sepultado a Henrique Capriles Radonsky, cuando Nicolás Maduro desempeñando cabalmente el papel del “Bolivita” bravucón y alzado, le informa en cadena nacional luego de ganar la elecciones presidenciales de Venezuela del año 2013 (por un mínimo margen) que: “No pasarás en la marcha que estás convocando para ir al Consejo Nacional Electoral”, refiriéndose a la iniciativa del candidato a la presidencia Henrique Capriles Radonsky, luego de conocer los resultados de los comicios electorales.
Esta actitud irreverente que nos lleva siempre a darle un golpe con puño cerrado a la mesa, impide a los venezolanos escuchar las ideas de quienes se les oponen; no existe en nuestro carácter espacio para la tolerancia; la búsqueda de los puntos de confluencia y el dialogo sincero, secretamente en el fondo de nuestros corazones solo nos anima la templanza y la imposición por medio de la fuerza. De allí que a lo largo de nuestra historia jamás hayamos construido instituciones robustas, luego de cuarenta (40) años de alternancia de gobiernos democráticos, hoy vemos como el Tribunal Supremo de Justicia, la Defensoría del Pueblo, la Contraloría General de la República, y demás entes se postran a los pies del Poder Ejecutivo, todo esto nos demuestra la necesidad de los venezolanos de siempre estar a la búsqueda del Simón Bolívar moderno y de rendirnos a sus pies cuando lo encontramos, porque exacerbamos el personalismo frente a la institucionalidad. Definitivamente no podemos juzgar la historia con los ojos del presente.
Con toda responsabilidad les puedo decir que las ideas de Simón Bolívar en pleno Siglo XXI, no sólo son obsoletas e ineficaces, sino que terminan siendo destructivas y perjudiciales. Bolívar no tiene nada que aportar al nihilismo que invade a la condición humana en tiempos Posmodernos. El ser humano se siente vacio y sin referencias y las ideas de Simón Bolívar no son más que un refrito de los ideales de la Ilustración incapaces de dirigir a una nación petrolera, ni de sacarnos de la crisis de gobernabilidad a la que estamos sometidos.
Precisamente por el carácter impreso por el Bolivarianismo en nuestro espíritu que, nos obliga a hablar más fuerte que el otro; a señalar a los demás sin examinarnos a nosotros mismos y lo que es más grave, que nos impide la creación de nuestro propio espíritu, porque nos rendimos ante el gallo más fuerte del corral,  y no ante el más humano.
@piedraconaletas